'En realidad no sé lo que tenemos... Pero todo a su debido tiempo'
K y o x U r u h a
Dir en grey x the GazettE
Capítulo único:
Tosco, rudo, esquivo, antisocial… catalogado como “sádico” en ocasiones. Amado por muchos, temido por otros: “incomprendido” en pocas palabras, por aquellos que buscan el bien y el equilibrio en algo llamado “ideal” o normalidad, sin pensar que lo que para unos es así, para otros no lo es, y lamentablemente, la sociedad tiene un modelo impuesto en el que ni tú y yo encajamos tal cual somos. Tal vez encajemos como músicos y en otros ámbitos, pero si lo analizamos bien, no terminaremos de ser aceptados y, ¿eso importa? ¡A la mierda con los demás! Si hay algo que he aprendido observándote, es que no hay que fingir ser algo que uno no es para agradar a los otros, que la imagen bien parecida y producida es sólo un imán de personas sin verdadero interés en lo que uno hace, en lo que uno es… me hiciste ver lo superficial que somos los humanos, especialmente lo superficial que fui –Y que me gustaría olvidar-, pero, si no hubiese tenido ese tipo de pensamientos, tal vez no tendríamos lo que hoy tenemos.
Y ¿Qué tenemos? Ni yo lo sé bien, ya que nombre no tiene. Pero todo a su debido tiempo.
“Imagen, no es equivalente a talento” dijiste alguna vez, mientras entre copas, me reía y menospreciaba lo que tú eras en una comparación absurda, sólo por sentir rabia conmigo mismo y un enorme nudo en la garganta por haber sido rechazado por alguien que no quiero nombrar, no porque aún me importe, sino porque me di cuenta de, que al compararlos, eran sumamente diferentes y le superabas con creces. Tú, que para ese momento eras casi un extraño, me soportaste, y aunque sólo estuviésemos sentados en la misma mesa por mera “cortesía” de tu parte, sin hablar más que cuando te parecía prudente y necesario, llamaste mi atención con tus gestos y precisas palabras que reflejaban tu manera de ver las cosas. Muchas veces cortantes y directas; verdaderas, pues la mentira no es de tu agrado (cosa que aprendí por las malas). Pero eso llevó a que despertaras mi interés, queriendo conocer al verdadero Kyo: quería comprender a Tooru. Quería volver mi rechazo en atracción, incomprensiblemente.
Quería tanto, pero a la vez no.
Porque Kyo es uno, y Tooru otro.
En un principio, sólo eras el vocalista de una de las tantas bandas famosas de la escena, con un estilo propio no apto para los débiles y sensibles a los temas tan “fuertes” tratados y expresados en tus letras de esa manera que sólo tú tienes para expresar dolor. Porque lo conoces, y nadie está exento de ello. Lo sé. Tuvimos que compartir toda una gira por Japón, lo que nos llevó a pasar tiempo juntos, exactamente por frecuentar los mismos lugares en los hoteles y a las afueras de estos. Sólo queda decir ¡Insoportable! Llegaste a hartarme hasta el extremo de gritar y golpearte cuando el alcohol se me subía a la cabeza: saliendo en ocasiones yo como el más lastimado —fatídicamente para mí—, ya que lo que te falta de altura, no lo hace de fuerza ¡Pero que derecha! Nunca olvidaré como le rompiste el labio a Takanori después del último concierto por un motivo que desconozco. Y tampoco quiero conocerlo. Ha pasado tanto tiempo desde eso, que mi curiosidad ha muerto; de a poco, pero lo hizo. Creo que si Yuu y Akira se enterasen, terminarían con la mandíbula desencajada de la impresión, ¡Ni que fuera tan curioso! Ellos sí lo son, no por nada parecen viejas copuchentas junto con Kai, “el máximo líder”. A él si hay que temerle, como dicen, las apariencias engañan y con Kai se aplica perfectamente, al igual que en ti.
Aunque… hay en cosas que los demás no se equivocan…
No temo enamorarme de otro hombre, pues ya lo he hecho con anterioridad, al igual que de mujeres. Si me consideran homosexual, no importa: amar a alguien de mi mismo sexo no me hace menos, pues “poco hombre” sería si no lo aceptase y me escondiese como muchos otros “machos” hacen. Y agradezco pensar así, ya que a ti te gusta que lo haga, aunque la “prudencia” nunca puede ser olvidada, y nuestras vidas privadas tampoco pueden ser ventiladas. ¿Algún día gritarías que me amas? Sé que no, y así lo prefiero. Nunca has sido de palabras dulces ni mucho menos, tampoco de demostraciones tan abiertas de cariño, y lo agradezco. Si fuese así, dejarías de ser quien eres, y creo que, por primera vez, sentiría miedo de ti. ¡Ni la vez que tuvimos una extraña sesión de “sado” lo sentí! Aunque me sometieras finalmente (sí, así fue), el miedo nunca apareció, sólo el placer de nuestra “hermosa primera vez juntos” desencadenada por mis reclamos y celos liberados a causa de… de… ¿Puedes creer que no lo recuerdo? Y no es por hacerme el tonto, sólo que “ese” detalle no es de mi agrado, pero es un detalle, y para ti si son importantes, por mínimos que sean, pues son parte de nuestra historia. Pero sé, que si supieses que olvido cosas, te molestarías, pero no me lo dirías. Sólo se acabaría la llamada semanal que he logrado que me hagas con tanto esfuerzo, los miércoles cuando terminas de ensayar. Y eso me hace decir ¡Deberías ser un poco más considerado!
No puedes contra mí, pero yo no puedo contra ti… ¿Cómo es que llegamos a esta situación?
Primero extraños, luego conocidos, para ser seres compatibles que pasan noches como amantes y tiempo libre como novios, ¿Extraño? ¡Nunca pensé que terminaríamos así!
— ¿Qué le causa tanta gracia a la princesa?
— ¿No será tú rostro?
—Tan amable como siempre. Es extraño que des señales de vida por aquí. Y más que escribas y no me dejes ver.
—Si te molesta, deberás ser tú quien me visite. Y sobre esto —alcé la libreta juguetonamente frente a tus ojos— no te diré nada.
Si tú puedes ser reservado, yo también. Es algo básico y que respeto de ti pero, algún día, deberás dejar de ser así conmigo y confiarme tus sentimientos, así, yo te confiaré los míos, aunque por ahora este bien para mí.
—Uruha…
— ¿Qué sucede?
—Yo…
—Lo sé. —No lo dirás, pero cada vez que callas, lo puedo interpretar.
— ¿Qué sabes?
—Lo que no dirás con palabras, chico rudo –reí.
—Sólo con eso aciertas —sonreíste de lado, mientras sigilosamente, tomabas una de mis manos ¡Vamos progresando!— ¿Algún día tú lo dirás?
—Lo pensaré. Pero es mejor si lo interpretas, las palabras se las lleva el viento, y los gestos valen más que mil palabras.
Comencé a reír por mi comentario. Algo en mí, va cambiando, o tal vez se llame madurez.
Cerré la libreta que tenía entre las manos. Sé que te preguntas qué es, y la respuesta es muy simple: “un diario de vida”, pero no uno cualquiera, sino el diario de lo que tenemos, y lo que podemos formar, el cual lleva tú nombre para hacerlo más… ¿Divertido? Además, nuestra relación aún no tiene nombre, pero los sentimientos, sé que están.
Fin~