sábado, 11 de junio de 2011

Capítulo 1:

Lo que él quiere.

Jugaba incesantemente con una servilleta de la cafetería, mientras su acompañante le miraba de reojo al beber un sorbo de su café pasado en cucharadas de azúcar por lo cargado que lo había pedido, por error.

Era una mañana tranquila, una mañana como cualquier otra para él, a excepción de un pequeño, pero no insignificante detalle; Se encontraba desayunando con el primer guitarrista de su banda. Algo que no sucedía desde que el más alto había comenzado una relación con su compañero de cuerdas hacía unos pocos años. Suspiró, y con una ligera sonrisa en sus labios, apartó la taza dejándola cuidadosamente sobre el pequeño platillo, antes de emitir palabra alguna. De hecho, en lo más profundo esperaba que Uruha comenzara una plática, porque podía apostar y sin perder, que el castaño tenía un tema importante que no podía tratar con nadie más.

El guitarrista por su lado, dejó la servilleta, alzando la vista decidido a contarle a Kai lo que pasaba por su —En esos momentos— muy retorcida cabecita; o eso consideraba por lo descabellado que le parecía lo que iba a decir al otro.

—Quiero embarazarme, Kai. —El aludido le miró incrédulo, casi escupiendo el sorbo de café que acababa de tomar al ver que el otro aún no le decía nada; atorándose por la impresión producida.

— ¡¿Qué?! No estás hablando en serio, ¿verdad? —Uruha bajó la mirada, apretando suavemente sus puños sobre la mesa, sin responder— ¡Por Dios! ¿Estás consiente de que por ser hombre, no puedes?

Lo tenía claro, mas, no sabía porque su interior dolía. Sólo asintió con leve movimiento de cabeza, dejando escapar un pequeño suspiro al ver cómo le miraba el chico de la eterna sonrisa, sin una en su rostro; sólo una extraña mueca se encontraba en su lugar. 

—No me mires como si estuviese loco. Tengo muy presente que por ser hombre no puedo optar a eso. Sólo las mujeres pueden —hizo una pausa, pensando en lo vivido hace unos días atrás—; sólo te manifesté un deseo. Así que no necesito una sermón ni nada de eso, sólo quiero hablar de lo que siento en estos momentos con alguien; sólo quiero que me escuches, Kai.

Sorpresas, y más sorpresas. El batero seguía sin creer lo que a sus oídos llegaba. ¿Ese que estaba allí, sentado frente a él, era el mismo Uruha que conocía? Aquella sensibilidad que lograba apreciar en esos momentos… aquellos sentimientos ocultos en el interior de los ojos caramelo que tenía el otro; la confusión que se arremolinaba en su interior —el miedo— No se explicaba de dónde había salido todo aquello. Ya que, en lo más profundo, pensaba que el más alto no pensaba en cosas como esas —aunque pensara profundamente sobre cosas más superficiales—, que sólo pensaba en él y su familia, tal vez en su mascota si es que tenía, y de ahí en sus amigos. ¿Qué había hecho el guitarrista pelinegro para cambiar de aquella manera la forma de pensar de su pareja? Porque estaba claro, que sin Aoi, Uruha no pensaría en cosas como esas.

—Y lo haré, pero se me hace extraña tu actitud —rió con sinceridad, para luego tomar una postura más seria— ¿Es por Aoi? No quiero incomodar con mi pregunta. Pero necesito la respuesta. —Uruha se quedó paralizado nuevamente, lo que el baterista tomó como un “sí”. Sintiendo como por una lado la tristeza le invadía al ver, o presentir, que lo que vendría no iría por buena camino. Que podía tener un final como el de su historia— Shima, no es por nada pero, creo que más que un deseo tuyo, es un deseo de Aoi, el cual sabes que no podrás cumplir. Nunca podrás darle el hijo que quiere.

— ¡Nunca dije que él quisiese tener un hijo! —gritó exaltado, pegando sus manos de golpe sobre la mesa; llamando la atención de todos los presentes con dicha acción— Nunca lo ha dicho pero…

—Sabes que es lo que quiere con sólo mirar sus acciones. —Yutaka parecía entenderle, cosa que, más que sorprenderle, aumentó el miedo en su interior. Había más que sólo sus secretos y miedos en esa cafetería, estaban los de todas las personas allí, más los de Kai; Los cuales parecieron ser un reflejo de su ser.

—No entiendo qué sucede Kai… al estar con Yuu, siento que pierdo mi propia esencia; todo en lo que creí alguna vez, desaparece y es reemplazado. Es tan contradictorio... —mordió su labio inferior, mientras una silenciosa lágrima corría de sus ojos. Aquella lágrima, no estaba allí visible a los demás; su alma quería llorar.

—Eso, mi confundido guitarrista, es amor; más no te puedo decir, ya que no sé qué pasó por tu mente cuando aceptaste de la noche a la mañana ser novio de Aoi, ¿No crees que sería mejor hablar con tu mejor amigo? —Le quemaba decir el nombre de aquel, en que el castaño confiaba más que en ningún otro.

— ¿Reita? Él no me entendería. Ya sabes que aún no acepta lo que tengo con Yuu completamente; es “inmoral”, algo que no tiene futuro alguno. Eso es, según Aki.

Yutaka sintió como si le tiraran a un abismo y, sonriendo para ocultar lo que en su interior guardaba lo que nadie podía saber—; trató de cambiar la mentalidad de Uruha.

—Piensa en ti, Uruha. Si piensas en lo que quiere Aoi sin pensar en lo que tu verdaderamente deseas, sólo terminarás dañado, destrozado creo que lo definiría mejor; Yuu, por lo que me has dicho no ha manifestado el querer tener un hijo, ¿No te has preguntado el por qué? Debe tener claro que renunció a la posibilidad de tener uno en el momento que se unió a ti. Si tuviera el sueño de la familia “ideal” tendría por novia a una chica. Renuncia a esa idea del “embarazo y el hijo”, y vive con ello. Un hijo de los dos, no es posible —sabía que le dañaba, pero no supo que más decir.

La cabeza del castaño quería explotar. Sabía que lo que Kai decía, era lo más sano y lo mejor que podía hacer; no debía seguir quemándose la cabeza con un imposible.

No era posible, él nunca tendría un hijo.

Pero no podía quitarle al otro la oportunidad de tener el hijo propio que tanto quería.

Sonrió, cuando por su cabeza pasó lo que hace tiempo —no recordaba con exactitud cuando— había visto en un programa de televisión en el que pasaron un reportaje que, si en esos momentos no le pareció importante, tenía una solución a su problema bastante interesante.

—Lo siento Kai, pero no puedo hacerlo.

Susurró simplemente, parándose de su lugar con decisión;  el batero le imitó, pagando la cuenta y saliendo tras el castaño pues tenían ensayo en, aproximadamente, cinco minutos. Y él, como líder, no podía darse el lujo de llegar último; aunque por lo visto, así sería.

Que ganas de hacerme esperar, sólo para ver sus caras de desesperación —pensó con malicia, pero ese día, ya no lo haría; guardaría aquella idea para más adelante.

….

El día había sido agotador. A Kai, sin duda se le había pasado la mano con el ensayo ¡Cinco horas seguidas tocando y sin descanso! Amaba lo que hacía, pero le había parecido una tortura; sus dedos se encontraban acalambrados a más no poder de tanto tocar su guitarra. Suspiró cansadamente y se dirigió a la ducha tomando una toalla blanca desde el lado del closet que Uruha había destinado para ellas, justo debajo de la repisa donde se encontraban los pijamas de ambos; sonrió al ver uno de color morado perteneciente a su pareja, pero así como la sonrisa vino se desvaneció al recordar que el castaño llevaba días evitándole. Lo que se le hacía sumamente extraño: Ya no se iban juntos a la compañía, no desayunaban ni comían juntos, ya no hacían nada; Sólo compartir cama.

Trato de no darle muchas vueltas al asunto, creía conocer a Uruha y probablemente tenía uno de sus tantos “problemas existenciales” los cuales se iban tan rápido como venían normalmente. Y para no seguir así, le daría un incentivo al que sabía, el castaño no se negaría. Pero para ello, debía ir a la cocina por algo fuerte de beber luego, luego de tomar su baño —No podía sin anestesiar sus emociones y sentidos. Aún no—: Con esa idea, se metió a la ducha, ignorando completamente lo que Shima se encontraba haciendo en la sala con el pequeño portátil sobre la mesita de centro.

El castaño sentía el peso del ensayo sobre sus dedos y  cuerpo en general, pero sin dejarse afectar, movía los dedos sobre el teclado como si fuese una “secretaria” profesional; sin siquiera mirar sus dedos y las teclas al escribir, sólo la pantalla mientras leía lo más rápido que le era posible. Analizando detenidamente cada una de las opciones de búsqueda que aparecieron en el mismo momento que escribió lo que deseaba saber.
Necesitaba informarse antes de tomar una decisión, debía informarse antes de… decirle a Yuu.

“Adopción”. No, no era eso lo que buscaba.

“Inseminación artificial”. Podía ser, pero en él no se podía aplicar; así que necesitaba a alguien más.

—Un vientre de alquiler… —susurró, encontrando finalmente lo que deseaba.

Esa era la solución, esa era su solución; lo único que podía hacer para que su Yuu tuviera el hijo que deseaba —un hijo biológico— sin necesidad de dejarle, sin necesidad de que el otro le engañase.

Si necesidad…

Sintió como Yuu se acercaba, cerrando de golpe el portátil para que su pelinegro no viese lo que se traía entre manos, dejándose hacer cuando el otro se acomodó detrás suyo, enrollando sus brazos en su cintura, besándole, acariciándole… Quería creer, que es noche se entregarían mutuamente, pero desde el momento que entró en contacto con la piel del otro, supo que no sería así.

Él se entregaría por completo a Yuu, pero éste, no lo haría.
De todos modos, su hijo vendría en camino, pronto, muy pronto.

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