sábado, 11 de junio de 2011

Prólogo:

Prólogo:


No sabía en qué momento se había vuelto tan importante en su vida. Tanto, que era igual o más importante que el aire que respiraba —Aunque no lo expresase—, lo que le hacía odiarse así mismo por tales pensamientos y sentimientos; Simplemente era un estúpido —se decía—, un estúpido que dependía del “amor” que el segundo guitarrista de the GazettE quisiera darle. Un amor, cuyos colores y matices cambiaban con el pasar de los minutos, de las horas, de los días… Un amor insano, que nunca esperó ser correspondido. Y cuando lo fue, sólo pareció un sueño del que nunca querría despertar. Así era feliz. Tenía todo cuanto necesitaba: estabilidad en una vida llena de emociones giratorias.

Kouyou Takashima no era homosexual, o por lo menos, no se consideraba uno; sólo era un joven de mente abierta que pensaba que el amor era libre y traicionero. Que cuando llegaba, no veía a quién te ataba; si a alguien del sexo opuesto o del mismo: Al fin y al cabo no dejaba de ser amor, o simple enamoramiento que con el tiempo desaparecería si no lograba llegar a ser lo primero. Pero, de ahí a llevarlo a la práctica, aunque fuese uno de sus tantos “pensamientos profundos” —de esas cosas como las que solía hablar en entrevistas—, se negaba a utilizarlo; era un completo homófobico que se escondía tras una hipócrita sonrisa. Si veía dos hombres en plan cariñoso, no podía evitar espantarse y salir corriendo, o bien, decir algún comentario pesado “disfrazado” sobre la situación. Pero como buen hombre, tenía de esas fantasías sexuales extraordinarias donde lo hacía con una pareja de lesbianas. Entonces…

¿Qué pasó con aquel hombre hecho y derecho que creía ser? ¿Qué sucedió con el chico atrevido y seductor que salía a los bares de noche a disfrutar de las bondades de la vida, dejando de lado esa faceta de chico bueno y sonriente que todos veían? Un momento de debilidad suya, y de su ahora mundo, le había atado al mismo: Yuu Shiroyama. El problema. Yuu estaba profundamente enamorado de otra persona; una chica tan linda y graciosa que la creación podría sentir la más pura envidia por haber hecho un ser tan perfecto. Uruha no podía negar que más de una vez envidió la suerte del mayor, pero aquellos sólo eran recuerdos. La chica en sí, era un simple recuerdo que el castaño rogaba se llevara el viento; lejos, muy lejos.

Ya no estaba en cuerpo, pero parecía estarlo en alma.

Fue su apoyo: el hombro amigo en el que podía llorar. Y aunque los sentimientos del castaño hubieran cambiado con el pasar del tiempo; nunca hizo nada más allá para ganarse un espacio en la mente y corazón del otro —No se arrastraría por algo que no aceptaría como si nada—. Por eso, se sorprendió de sobremanera cuando Aoi le hizo tal proposición. “Se mi novio. Comencemos una vida diferente ¿Te parece? Sé que puedo llegar a amarte”  Si eso ya le había dejado sin respiración, lo que siguió hizo que su corazón se paralizara completamente. Pero esperaba que sólo se tratase de una broma de mal gusto del otro o una pérdida temporal o permanente de su cordura; Sabía la razón de aquella petición y lo que significaba dar un “Sí”. Pero la razón, quedó de lado.

¿Cómo podía negarse? Sin estar seguro completamente de sus sentimientos (si eran pasajeros o no) aceptó por “probar” una relación diferente que nublara completamente sus sentidos.  

Desde ese momento, comenzó su historia, una historia que llevaba casi tres años desde su inicio y no avecinaba un final. No uno próximo; tal vez, nunca se escribiría. Nadie lo sabía ya que, ¿Cómo podría cambiar? Los dos se complementaban perfectamente; No era factible.

Todo estaba en orden. Pero, estando una tarde de primavera en casa de Reita y la chica que era su prometida, algo en el castaño hizo “clic”, remeciendo la expresión de ternura que llevaba dibujada en su rostro al ver como su novio le hablaba al no tan abultado vientre de cinco meses que la pelinegra tenía. Y en esos momentos, en su mente aparecieron escenas que no quería recordar. Escenas que creía olvidadas, las cuales, si en su momento no le dañaron (las cosas eran diferentes), ahora le picaban insistentemente.

—Sería un buen padre, ¿No crees Shima? Aoi, aunque lo oculte y niegue, adora a los niños.

Lo sabía. Lo sabía de sobra; desde mucho antes de amarle.

—Parece estar más emocionado que tú que serás el padrino —sonrió con amargura—. Fue una lástima que perdiera la posibilidad de tener un hijo. La vida es cruel.

Cada palabra que el bajista decía, parecía ir cargada de veneno —aunque no fuese así—; afectando al otro irremediablemente. Cavando en lo más profundo de su ser. Después de todo, Akira no conocía la historia que los guitarristas mantenían en secreto, y no lo decía por dañar a su amigo guitarrista.

—Si fueras chica, de seguro ya tendrían más de un niño con lo apasionados que son —Eso aparentaban, pero no era completamente cierto— Tal vez dos. —el rubio de la bandita en la nariz rió y se dirigió a la que sería la madre de su primer hijo, tomando su mano delicadamente. El más alto quedó congelado, apartado del cuadro con su vista perdida en el vientre de la mujer.

Nunca lo entendería.

Kouyou desvió la mirada a su amante, el cual se levantó sonriendo de una manera que no le gustó para nada: No estaba viendo lo mismo que él. No le estaba mirando a él. Y la sonrisa no desaparecía.

Odiaba esa sonrisa.

Porque después de todo, sabía lo que el otro quería. Y él, como hombre, no podía dárselo.

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